Un viaje hacia la liberación interior: Cómo las adicciones y el desenfreno actúan como un ‘maquillaje’ para ocultar los traumas silenciados, y por qué enfrentar nuestras sombras es el único camino real hacia la sanación.
Por Any Altamirano
HoyLunes – Las cargas y daños emocionales suelen guardarse en un lugar que llamamos “alma”. Seguramente, en alguna ocasión hemos pronunciado: “me duele hasta el alma”. Un lugar que no ocupa un lugar visible en la anatomía humana, pero que, sin embargo, es un concepto que se abriga desde corrientes filosóficas, religiosas y desde experiencias personales.
Desde el punto de vista teológico fuimos creados en “cuerpo, alma y espíritu”. El alma, descrita como una parte etérea que nos acompaña en el plano terrenal y cuando morimos trasciende a otro plano espiritual que no muere. Preceptos que no son albergados por la ciencia. Podríamos decir que el alma es la ‘caja de Pandora’ donde habita la conciencia, los recuerdos, las emociones que dan forma a nuestra personalidad.

¿Y qué pasa cuando tenemos recuerdos no gratos?
Regularmente, por cuestiones culturales o normas de conductas estrictas en el núcleo familiar, se imponían castigos por nombrar o relatar hechos que ponían en duda la moral o reputación de personas adultas, brindando poca atención a las voces infantiles que eran dañadas por gente cercana, incluso por sus propios cuidadores. Otros casos, ya en etapas de adolescencia o de adultez. Sucesos que podían suscitarse en la familia, escuela, trabajo, en la calle, centros de reuniones, etc.
En la infancia se suelen silenciar los daños por miedo, inseguridades, falta de atención y amor. Y en las demás etapas, suelen haber sido forzados o pactados a cambio de un beneficio. Daños que, con los años, si no son canalizados, tratados o narrados —liberados—, se transforman en resentimiento, frustración, impotencia, pérdida del sentido de vida y en algunos casos en suicidios. Pero, ¿hasta dónde somos capaces de ocultar secretos que carcomen el alma?

En algunos casos, estos ecos emocionales se convierten en ansiedad, depresión, enfermedades compulsivas, adicciones nocivas: compras compulsivas, drogas, alcohol, sexo desenfrenado, juegos de apuestas, cambios de género, abortos en serie, incluso en personas violentas que desearán hacer el mismo mal recibido o mayor aún con otros. Para silenciar los recuerdos dolorosos del pasado, se busca el ruido, es mejor para olvidar y no recordar. Beber en exceso, drogarse, prostituirse, y demás, donde fugarse del presente es a veces para algunos su mejor opción.
No se trata de juzgar, flagelarnos, o victimizarnos, sino de reconocernos y hacer una introspección para saber si estamos huyendo de algo que no queremos enfrentar. Para el Psiquiatra ‘Carl Jung’, el resentimiento nos encadena al pasado y enfrentar nuestros miedos es un paso esencial a nuestra liberación y crecimiento personal.

¿Cómo lograr esta liberación?
Cuando nos despojamos de la apariencia, los egos, la perfección y nos enfrentamos a nuestros propios miedos y sombras, nos reconocernos imperfectos, así iniciamos el camino a nuestra liberación de cargas emocionales que pesan como cadenas invisibles. Este autoconocimiento, no nos hace menos. Nos hace más humanos.
Lo importante es reconocer, que tenemos sombras, cometemos errores y no somos perfectos. Y, esta imperfección, si nos damos la oportunidad de escucharnos y buscar ayuda adecuada —grupo de autoyuda AA, psicología, sanación espiritual, coaching, etc.—, podremos ayudarnos a nosotros mismos.
No esperemos a ser rescatados por alguien. Reconocernos y buscar ayuda es el primer paso hacia nuestra liberación.


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